lunes, 23 de septiembre de 2013

La relación con mi hermana

Entre mi hermana y yo hay mucho más que un hilo de tiempo de 7 años. La compañía que siempre tuve y el deseo de ella por estar acompañada durante ese tiempo.

La relación con mi hermana va más allá de compartir padres, abuelos, tíos y primos. Más allá de compartir la misma sangre. Nada tiene que ver esa conexión con lo que sentimos la una por la otra.

Cuando me planto frente ella siento que estoy delante de un espejo que muestra todo lo que quiero y no quiero ser, todo lo que puedo ser, todo lo que quizás llegue a ser. Esa sensación poco tiene que ver con que sea yo la pequeña y quiera seguir sus pasos, con el que sea un modelo a seguir para mí.

Si es por teléfono cuando hablo con ella, a veces parece que hablo conmigo misma y esa conversación me hace crecer, enfrentarme a mis propios miedos, a mi mundo más profundo y la entiendo, la comprendo y la defiendo. Defiendo su forma de ser, defiendo sus creencias, defiendo sus inseguridades, defiendo sus sueños, defiendo esos rizos que hacen enredarse a los demás, defiendo sus virtudes (tantas virtudes), defiendo esa mirada decidida, defiendo su opinión firme... Y no me canso de defenderla a pesar de no pensar como ella en muchos momentos. Esta defensa, tampoco tiene que ver con el hecho de ser hermanas.

Nadie sabe por qué entre mi hermana y yo se han forjado cimientos más sólidos que los de la casa donde nos criamos juntas. Columnas enormes de un hormigón irrompible que nadie podrá derribar jamás. Pedestales donde se apoyan las paredes de esa cueva, un lugar nuestro y secreto con acceso restringido.

Entre mi hermana y yo hay mucho más que una conjunción "y", también hay signo "+" y signo "-", admiraciones y muchas incógnitas. Hay comas, puntos y aparte, pero también muchos puntos suspensivos, tantos, que terminan haciéndose líneas rectas para no dejarnos marchar nunca.

Un lazo color violeta que nos une hasta el fin del mundo.

Y es que no sé cuál es la razón de nuestra relación, pero sí puedo decir que el ser hermanas ha hecho posible nuestro encuentro en la vida. Y eso me gusta.

Te quiero.


miércoles, 31 de julio de 2013

Hoy es un día especial. ¡Celebrémoslo con teta!

Hoy es un día especial.

Hace justo un año me enteré de que estaba embarazada de mi primera hija. Fue un día de muchos cambios: empezábamos las vacaciones, supimos que nuestro puesto no corría peligro en un momento delicado, y por supuesto la mejor noticia fue que Zoe crecía dentro de mi.

A pesar de que mi parto fue maravilloso, el inicio dificultoso de la lactancia me pilló de sorpresa. Y es que la gente de mi generación hemos crecido sin ver tetas. Nuestras madres, (mal) aconsejadas por los pediatras dejaban de dar teta a sus bebés muy pronto (en mi caso sólo duró tres meses) y por este detalle  cuando nos hemos embarazado las mujeres de "mi quinta" y hemos tenido a nuestros bebés, nos hemos sentido abandonadas socialmente ya que ni nuestras madres sabían aconsejarnos sobre cómo dar de mamar.

Mañana se celebra el Día Mundial de la Lactancia Materna. La organización WABA (quien organiza la Semana Mundial de la Lactancia Materna) ha decidido que el lema de este año sea: 


Apoyo a las madres que amamantan: cercano, continuo y oportuno
. 


WABA quiere crear conciencia de la importancia de la “consejería entre pares” para apoyar a las madres para iniciar y mantener la lactancia materna. 



Por este motivo me gustaría compartir con vosotr@s mi experiencia:

En mi caso concreto, desde el primer momento fue doloroso. Yo estaba deseando amamantar a mi pequeña y el primer impulso de succión me hizo dudar de si sería capaz. Tenía una mastitis subclínica, de esas que no dan fiebre, ni se amorata el pecho, simplemente duele horrores. Lo bueno es que mi querida comadrona, al describirle los síntomas, supo muy pronto de qué se trataba y me derivó al mayor experto en mastitis humanas en toda España: Un veterinario.

Esto me hizo reflexionar sobre la poca importancia que se le da, todavía hoy, a la lactancia materna. Este (buen) hombre, generaba probióticos en el laboratorio de la Universidad Complutense de Madrid, con cepas específicas de mastitis humanas, para tratar de forma gratuita a toda mujer que se acercara por allí. Y sí, reconozco que me sentía un poco "yonky" cada vez que iba a recoger ese polvillo blanco a la facultad de veterinaria, y que me ponía nerviosa cada lunes cuando llamaba de forma insistente a partir de las doce para asegurarme mi dosis. De hecho, alguna vez he llegado a simular que pedía probiótico para otra amiga además del mío, dando el nombre de mi hija, para asegurarme dos botes en lugar de uno. Pero no sé qué hubiera sido de mi lactancia si no hubiera sido por él.

Resumiendo: que pensé en todas las mujeres del resto de España que no estuvieran en Madrid y que no conocieran este tratamiento. Mujeres que irían desesperadas a su consulta con el pediatra y éste les habría dicho que lo mejor sería tomar un antibiótico y mientras tanto que le diera a su bebé leche de fórmula. Mujeres a las que la sociedad entera les diría "chica deja de sufrir, destétalo, yo no me lo pensaba".

Reconozco que fue una etapa muy dura, en la que sufrí más que en toda mi vida (suena fuerte, pero así es). Recuerdo botar en la cama, morderme los labios, llorar mirando a mi pequeña mamar (no de emoción sino de sufrimiento físico)... Incluso llegué a rechazar a mi niña, a no querer estar con ella el resto del tiempo. Seguro que si es mujer la que está leyendo este post y ha pasado por una mastitis sabe que cualquier roce por mínimo que fuera en el pezón era ir al infierno sin salir de la habitación. Mi pareja no sabía cómo ayudar y lejos de conseguirlo sus palabras me hacían cada vez más daño: "Tenemos que intentar otra cosa, no puedes seguir así". ¿Pero qué otra cosa? Yo quería amamantar a mi hija. La había parido como siempre había soñado y quería amamantarla igual. Era lo que más deseaba en el Mundo. Tuvo que ser muy duro también para él al ver que no podía ayudarme, pero más tarde comprendió que las palabras de ánimo eran mi mejor medicina.

Mientras me trataba con probióticos me recorrí Madrid entera, visitando a asesoras de lactancia, vino a casa una IBCLC, incluso estuve a punto de ver a una osteópata que trataría el paladar de Zoe si no fuera porque esa mañana me di una hostia con el coche en pleno aparcamiento. (Esto último dice mucho del estado en el que me encontraba de ansiedad e insomnio diarios).

Finalmente los probióticos comenzaron su efecto y gracias al mejor consejo que me dieron (fue mi hermana querida) la lactancia empezó a establecerse. Ese consejo fue "estáte con ella".

Mi hija estaba aprendiendo a mamar y aprendiendo a amarme. Y cuando empecé a observarla mientras dormía, a mantenerla en brazos mientras no mamaba y a proyectar amor hacia ella, la cosa mejoró.

Recuerdo que poco a poco cuando la ponía al pecho, mi hija me acariciaba el costado como dándome ánimo. Yo sentía que me decía "gracias madre, lo estás haciendo muy bien". Y eso cada vez me animaba más y más. Luego empecé a hacer oídos sordos a cualquier negativa social y empecé a refugiarme en mi tribu de mujeres maravillosas, las cuales siempre me decían LO VAS A CONSEGUIR.

Y así, poco a poco fuimos creando vínculo, fuimos enamorándonos... Porque dejando a un lado que la leche materna es lo más sano para nuestros hijos, dar la teta significa mucho más. La relación que tenemos hoy día mi hija y yo no se hubiera parecido ni de lejos si hubiera interrumpido la lactancia, lo sé. No me siento una mártir, no creo que me haya "sacrificado" por darle la teta a mi hija, No he sufrido lo que he sufrido por dar lo que según la OMS y el UNICEF dicen que es lo mejor para un bebé.

Se trata de una decisión.

El dolor forma parte de la dualidad de la vida. Yo no elegí una vida recta, ordenada y estable. Sino una vida real con sus ciclos cambiantes, entre los que se encuentra el dolor y el sufrimiento.

Es cierto que la lactancia materna no debe doler y aunque me costó creerlo hoy puedo decir que es placentera, pero el que surjan problemas al principio (o en medio, o al final) no influye en la decisión que una mujer toma. Hay grupos de apoyo a la lactancia, asociaciones, consultoras acreditadas... incluso veterinarios!! a los que una puede acudir.

Como os decía, mañana se celebra el Día Mundial de la Lactancia Materna. Ayúdanos a que el hastag #díalactancia sea Trending Topic en Twitter.

Y hoy, con la lactancia establecida y profundamente agradecida a mi hija por todo lo que me ha hecho sentir amamantándola...

...¡lo vamos a celebrar con teta! ¡MUCHA TETA!



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martes, 23 de julio de 2013

Soy cómplice de la violencia y me detesto por ello

Se me llena la boca hablando de crianza respetuosa y con apego. Valoro a l@s niñ@s como seres humanos independientes que son, de los que podemos aprender mucho. Siento verdadero respeto por la infancia y deseo que mi hija pueda crecer en paz, siendo fiel a sus principios y valores. Siempre estoy diciendo que l@s niñ@s merecen que se les respete igual que a un adulto, que no por ser más bajitos tenemos derecho a humillarles, mentirles, chantajearles, herirles, pegarles... Me sienta fatal cuando leo en algunos restaurantes u hoteles "espacio libre de niños", como si fueran El Mal. Pienso que obligar a l@s hij@s a hacer cosas como comer o dar besitos es verdaderamente peligroso. Lo paso mal cuando veo sufrir a cualquier niñ@, sea conocid@ o desconocid@.


Y sin embargo, soy incapaz de actuar ante la violencia hacia l@s niñ@s. Cuando veo a alguien pegando a su hijo, gritándole, ignorándole, chantajeándole, obligándole, mintiéndole, humillándole...

NO HAGO NADA.

  
Sé que, sin hacer nada, soy cómplice de esa violencia y me detesto por ello.


miércoles, 26 de junio de 2013

¿Qué es el Puerperio?

O por lo menos, ¿cómo lo estoy viviendo yo?

Llevo en este nuevo estado desde hace dos meses y medio aproximadamente y me apetecía mucho escribir sobre ello. Por fin encuentro un hueco.

Para mí, el puerperio es:


Una transformación. 


Es saber que jamás volverás a ser la mujer que fuiste y no tener claro si te gusta o te disgusta. 


Es entregarse al otro, pero no como en las novelas románticas, sino de forma visceral, mental, emocional y a tiempo completo. 


Es frenar en seco. 


Es vivir entre el amor y el dolor cada día. 


Es tomar conciencia. 


Es aprender muchas cosas, re-aprender otras tantas y des-aprender la mayoría.


Es sentir que a partir de ahora no seré solo yo, sino yo + Zoe. 


Es apreciar de nuevo las pequeñas cosas. 


Es centrarte en lo verdaderamente importante. 


Es madurar sin excusas. 


Es sentir que perteneces a algo más grande que no cuenta contigo. 


Es preguntarte si te equivocaste. 


Es un reto; pensar ¿seré capaz? y descubrir que sí. 


Es vivir forzando la máquina al máximo. Correr una maratón día a día. 


Es dolor de huesos, músculos, ligamentos y tantos otros. 


Es vivir conectada a ese ser independiente de la misma forma que cuando fue parte de ti misma. 


Es descubrir la función real del pecho, ahora sí. 


Es amar en plenitud y sufrir sin piedad. 


Es cuidar, besar, lamer, arropar, envolver, alimentar, sanar...


Es ser responsable de ti misma y a la vez de ella. 


Es tomar decisiones sobre otra persona sabiendo que pueden no ser acertadas. 


Es llorar como nunca. Como si hubieras acumulado lágrimas durante años y ahora quieren brotar sin control.


Es sentir que estás sola sin separarte de alguien en ningún momento. 


Es conectar con tu esencia. Reconocerte de nuevo. Saber quién eres.


Es aceptar.


Es dormir cuando ella duerme, a ratitos.


Es volver a sentir piel con piel, oír el latido, oler a nuevo, saborear la leche.


Es improvisar. No hacer planes nunca.


Es entender y acompañar a tu pareja en su proceso. Y respetar.


Es contemplar.


Es maravillarse.


Es flipar.



Mi abuela siempre dice que una mujer parida es un cuerpo abierto. Yo creo que además es un alma abierta. Es un ser que ha sido atravesado por la vida y eso no puede dejar las cosas tal y como estaban. Eso conlleva una transformación física y emocional demasiado grande para poder expresar en un post. Un ser a flor de piel viviendo el momento de forma intensa.

jueves, 9 de mayo de 2013

El mejor nacimiento para mi hija


Cuando supe que estaba embarazada mil emociones recorrieron mi cuerpo: alegría, duda, miedo, euforia, ternura… y mil preguntas llenaron mi mente. Una de ellas fue “dónde y cómo parir”. Siempre imaginé un parto respetado donde mi hija y yo estuviésemos en paz y conexión para hacer un buen trabajo en equipo llegado el momento. Durante todo el embarazo me empapé de toda la información posible acerca del proceso fisiológico del parto, visioné partos respetados y leí todo relato de parto positivo que caía en mis manos. A través de la asociación El Parto Es Nuestro (a la que pertenezco desde hace año y medio), recibí toda la sabiduría y experiencia del resto de socias así como información veraz basada en la evidencia científica.

No quería correr riesgos en mi parto. Para mí era importantísimo conocer de antemano al equipo que me iba a asistir y elegir el lugar más respetado y seguro  para el recibimiento de mi hija. Ese lugar era mi casa, nuestro hogar.

Algunas personas a las que les conté que pariría en casa me decían “qué valiente”. No entendía muy bien que ser valiente significa decidir algo por ti misma de una forma consciente e informada, valorando los riesgos y decantándote finalmente por la opción más segura. Hubiera sido mucho más valiente por mi parte, desde mi punto de vista, ponerme en manos de cualquier “ginesaurio” desconocido que bajo un protocolo X de un hospital público o privado quisiera otorgarse todas las medallas al realizar una satisfactoria extracción vaginal, o (inne)cesárea, o parto instrumental con su consiguiente episiotomía.

Con la idea de parir en casa emprendí la búsqueda de un equipo cualificado de matronas que asistieran partos domiciliarios. Y en esa búsqueda topé con Anabel Carabantes. Desde el primer momento supe que sería ella la persona idónea. Tuvimos tiempo de conocernos a fondo durante el embarazo, asistiendo a los utilísimos talleres que imparte en el centro de Madrid junto a su equipo (Paca y Aythami). Creamos lazos y una relación de confianza, para mí fundamentales (estas personas entrarían en mi casa y me acompañarían en el momento más importante de mi vida hasta la fecha).

Y el momento llegó.

Zoe quiso nacer un 6 de abril. Yo llevaba con pródromos desde hacía dos semanas y cuando expulsé el tapón mucoso el día anterior por la tarde, pensé que era otro paso más en el lento ejercicio de preparar el terreno. Pero esa noche, sobre las seis de la madrugada me levanté al baño y vi sangre en mi ropa interior. Llamé a Anabel y me dijo que me relajara, que estaba borrando el cuello del útero y que esto solía ir para largo, que me fuera a dormir y si notaba alguna contracción fuerte la volviera a llamar. Así hice, y a pesar de despertarme el dolor de alguna contracción, no la consideré tan fuerte como para molestar a mi comadrona.

Entonces a las ocho de la mañana algo me despertó. Noté un leve chasquido dentro de mí que me hizo romper aguas. Ahí pensé “qué guay”. Fui al baño y vi que tenía empapado todo el pantalón del pijama. Así que llamé a Anabel: “creo que he roto aguas”, “pues enhorabuena, estás de parto. En media hora estoy allí”. Miré a mi chico y sonriendo le dije “estoy de parto”. A continuación mandé un whats app a mi hermana con el mismo mensaje que tardé como cinco minutos o más en escribir.

Yo estaba muy consciente, de hecho empecé a pensar en todo lo que había preparado: la música, las piedras, la bañera, el vestido con el que quería parir… pensé “voy a ponerme las lentillas” y aunque lo intenté no pude, porque en cuanto venía la contracción solo podía centrarme en respirarla, no existía nada más en el mundo que esa sensación de apertura. Mi chico utilizó la adrenalina que le corría por las venas para recoger y limpiar un poco la casa antes de la llegada de Anabel, algo que agradecí enormemente porque me dejó espacio para estar conmigo misma y conectar con Zoe.

Entonces me dí cuenta de que la cosa marchaba, las contracciones cada vez eran más seguidas y efectivas. Yo visualizaba el camino que iba haciendo mi hija dentro de mi, mientras paseaba por casa y me agachaba de cuclillas agarrada a cada radiador de pared, mesa, sofá, pelota… cuando me invadía la contracción. Aún así, era muy llevadero y completamente soportable. Sí es verdad que cada contracción me dejaba más cansada que la anterior, incluso recuerdo alguna que me hizo temblar las piernas.

En algún momento, entre contracción y contracción, pensé “me quiero dormir. Tengo que tumbarme” y así lo hice, me fui a la habitación y me tumbé de lado en la cama. Cuando venía la contracción me tiraba al suelo como podía para colocarme de cuclillas agarrada a la mesita de noche y así respirar mejor cada ola de dolor. En una de esas apareció mi comadrona querida. Al verme subir y bajar de la cama me aconsejó ponerme a cuatro patas o apoyarme sobre unos cojines en la cama, pero a mí me daba una pereza tremenda cambiar de postura. Yo quería datos y le dije “quiero saber de cuanto estoy, Anabel”. Me hizo un tacto aprovechando un descanso pero aguantó durante la contracción (cosa que me dejó baldada de dolor), me pidió perdón y me dijo “perdona, pero quería asegurarme. No te lo vas a creer: ¡estás de ocho tía!”. En ese momento olvidé todo el cansancio y la adrenalina se apoderó de mí. Tenía unas ganas tremendas de empujar. Mi chico y Anabel empezaron a colocar los plásticos de pintor y los protectores sobre la cama, haciéndome rodar de un lado para otro entre contracciones. La cosa iba muy muy rápida.  

La fuerza que sentí con cada pujo es algo indescriptible. Mi cuerpo iba solo, yo únicamente focalizaba la energía hacia abajo y de mi boca salían sonidos que desconocía hasta ahora. Pensé en fuerzas de la naturaleza como terremotos, tsunamis, volcanes, tornados… todo aquello rugía en mi interior y hacía que mi hija y yo nos separáramos violentamente. Recuerdo que incluso en algún momento grité "me voy a morir", porque en parte parir resulta tan desconocido y brutal como la muerte. En contraposición, entre cada contracción sentía un placer inmenso. El cóctel de oxitocina y endorfinas hacía su trabajo y me mantenía en un estado entre consciente e inconsciente que no había experimentado jamás.

Fueron cinco pujos: dos preparatorios, donde poco a poco fueron asomando las melenas rojas de mi pequeña. El tercero hizo que Zoe sacara su cabeza, dejando todavía su cuerpecito mojado dentro de mí. En el cuarto pujo dudé si había tenido una niña o un pez porque su cuerpo resbaló como una colita de pescado y me hizo muchas cosquillas. Nadie tiró de ella, nadie le ayudó a salir. Quedó tendida sobre la cama y empezó a respirar como si lo hubiera hecho nueve meses atrás. No lloró nada.

Yo no podía ni incorporarme, solo decía “mi niña, mi niña”, así que Anabel la cogió en brazos y me la dio todavía desnuda y llenita de vérnix caseosa. La sostuve en mi regazo, piel con piel y abrió los ojos. Esa mirada la tengo grabada a fuego en mi mente. No la olvidaré jamás.

El quinto pujo fue el alumbramiento de la placenta, que salió toda gordita y bien sana.

Fue un parto que duró dos horas y media desde que rompí la bolsa. Sin drogas, sin intervenciones médicas, donde mi periné quedó intacto tras el parto. Con asistencia profesional, acompañada de quien quise y arropada por quien amo. En mi hogar.

Mi hija nació con dignidad, como se merecen todos los niños del mundo; y yo fui tratada con enorme respeto en mi parto, como merece cualquier mujer.

Siempre imaginé que sería un parto de noche, con música, muy tranquilo, quizás en la bañera… Y sin embargo fue a la luz del día, fugaz y brutal. Y es que mi hija tuvo el mejor nacimiento. Tan bueno que, claro, era difícil de imaginar. 

miércoles, 13 de febrero de 2013

¿De qué planeta es Toni Cantó?

Ante las declaraciones que hizo Toni Cantó de UPyD ayer en el Congreso de los Diputados para apoyar la tauromaquia en nuestro País, no puedo quedarme callada.

Os dejo el vídeo por si todavía no lo habéis visto, aunque advierto que despierta mucha inquietud.



Me gustaría dirigirme directamente a él y así lo haré:

Lamento decirle, señor Cantó, que está usted totalmente desinformado en lo que se refiere al trato que dio ayer a los animales. Éstos tienen derechos, por supuesto que sí. De hecho están recogidos en la Declaración Universal de los Derechos de los Animales, aprobada por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), y posteriormente por la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Cuando quiera, se la puede usted leer, por ejemplo antes de hablar sobre este tema en el Congreso de los Diputados otro día (es un consejo). 
Usted habla de que van a apoyar "el mundo de los toros". El mundo de los toros no tiene nada que ver con la tauromaquia. El mundo de los toros es muy diferente al mundo de tortura, negocio, diversión cruel, sometimiento y deporte sanguinario que ustedes, los de su grupo político quieren apoyar. Así que le pido desde aquí, que hable con propiedad.
Dice que "los animales son incapaces de discernir entre el bien y el mal, por lo tanto (...) el tema de la libertad nos separa". No se si se ha dado cuenta que personas con enfermedades mentales o discapacidades graves tampoco saben discernir entre el bien y el mal y a nadie se le ocurriría pensar que esas personas son menos libres que cualquiera de nosotros. ¿O a alguien sí se le ocurriría decirlo?
Habla de que "el maltrato a los animales no es un atentado ético". Tengo la suerte de no conocerlo personalmente, así que no sé cual es su grado de ética personal (aunque me voy haciendo una idea). Según mi ética, soy incapaz de maltratar a ningún animal.
Usted dice que "empleamos brutalidad con todos los animales", por ejemplo cuando se sacrifican para uso alimenticio. No puede comparar el deporte taurino con la alimentación. Cuando se sacrifica a un animal en el matadero se hace con el fin de alimentarnos, no como fiesta nacional ni divertimento cultural, y además existen controles sanitarios que verifican el bienestar de esos animales en vida y se les otorga una muerte digna. En los casos en que no es así (que también los hay, por supuesto) estoy de acuerdo con usted, se trata de brutalidad, y lo que me duele es que utilice dicha brutalidad para defender la que se ejerce contra el toro en la plaza.
"Ningún animal tiene derecho a lo que son dos de nuestros derechos fundamentales: uno es el derecho a la libertad y otro (...) es el derecho a la vida". Ante esta declaración sólo puedo decirle que se lea el artículo nº 4 de La Declaración Universal de los Derechos de los Animales.
Para terminar me gustaría saber de qué planeta es usted. Sí, sí, me ha oído bien, no sé qué ser se esconde bajo ese traje de Toni Cantó. En nuestro planeta existen 5 reinos naturales: Moneras, Protistas, Hongos, Vegetales y Animales. Usted a simple vista parece un animal vertebrado y mamífero, muy similar al Homo Sapiens Sapiens, pero sinceramente, dudo que sea de mi especie tal y como trata a nuestro reino.
Fdo. Tricemoon 
 

 

domingo, 3 de febrero de 2013

Un largo atardecer

Amarillo

El amarillo es un color inquietante, como lo fue mi sueño de anoche. Mi avanzado embarazo hace que tenga periodos de insomnio y duermevela con frecuencia. 

La puerta de mi cuarto se abrió y oí las pisadas de mi perra Neko que se acercaban hasta mi cama. 

Había bajado a Castalla tras una llamada también inquietante, donde mi padre me decía que mi perra estaba verdaderamente enferma y que su último aliento no quedaba muy lejos. Cuando oí a Neko acercarse a mi cama supe que estaba soñando, ya que en ese momento era ya incapaz de subir escaleras. 

Sin embargo noté cómo, pegando un ágil impulso, subía a mi cama de un salto, como tantas veces había hecho años atrás. La cama se hundió a mis pies y noté cómo sigilosamente avanzaba en el mullido colchón hasta buscar un hueco para acomodarse a mi lado. 

Era tan física la sensación que tuve que verificar que no era un sueño, y al incorporarme sentí como todo se desvanecía en una simple fantasía nocturna. Neko seguía en el salón, en la parte de abajo de la casa de mis padres, y la puerta de mi cuarto mantenía la fina abertura que dejé cuando me acostaba. Eran las tres de la mañana y ya no pude dormir. Sí bien, entré en un estado de duermevela donde recordé momentos inolvidables con ella. De los que destaco 

el fatídico día en el que, tras asomar su precioso hocico entre los barrotes de la terraza, su querido primer juguete con forma de hueso amarillo que siempre llevaba entre los dientes, calló varios metros hacia abajo hasta quedar inaccesible, enganchado en el andamio de la fachada. 

Si pudiera volver atrás, me hubiera deslizado por la fachada atando varias sábanas hasta dar con él. Hubiera movido el rabo enérgicamente llena de alegría al devolvérselo...


Naranja

...Esta mañana me levanté temprano, con la luz de un sol naranja. Bajé las escaleras y preparé el desayuno. Era un día de estar todos juntos, y aunque algo ojerosos, nos reunimos junto a Neko y comentamos algunos recuerdos compartidos: 

el afán glotón del primer día, cuando llegó a caerse en el cuenco de comida de su madre a pesar de que todavía no comía pienso; los primeros derrapes por el pasillo acabando con el culo golpeando en las puertas tras una intensa carrera; los recibimientos que nos hacía al final del día, donde acudía a la puerta con todo el morro blanco tras haber hecho agujeros en las paredes... 

Ella parecía escucharnos recordar, hecha un ovillo en un rincón del salón, sin levantar la cabeza, esperando un momento que no acababa de llegar...



Rojo

...De pronto se levantó con esfuerzo. Nos quedamos sorprendidos y escuchamos cómo el veterinario avanzaba por el bancal. ¿Le habría sentido llegar ella también? Nunca le gustaron los médicos. Y es una lástima que haya tenido que compartir su último día con uno de ellos. Aunque ahora creo (o quiero creer) que nos lo agradece. Yo por mi parte, llegados a este punto, tengo que agradecer que el veterinario se trasladara hasta casa y no al revés, y también la delicadeza del mismo en la manipulación de mi perra en sus últimos momentos. Me llevo el recuerdo de que la trató con respeto y dignidad. Tras un sedante que la calmó bastante, ella sola fue hasta su cama como diciendo "mi momento ha llegado, lo sé. Yo decido el lugar donde quiero decir adiós". El líquido rojo del barbitúrico se mezcló rápidamente con su roja sangre de animal noble mientras yo le acariciaba con un profundo amor, también muy rojo...


Rosa

...Su rosado corazón se paró, así como el resto de sus longevos órganos. Y no pude reprimir, al ver su cuerpo inerte, ser asaltada por el recuerdo de 

Neko dormida junto a mí tras una larga siesta juntas. Cuando era adolescente podía pasarme horas mirándole cada pelo de su hocico, cada diente, su rosada lengua, sus patas, sus orejas gachas... 

La miraba hoy y no veía diferencia. Incluso tras su muerte seguía siendo bella, seguía siendo la más bella, durmiente...


Violeta

...Dicen que el violeta simboliza el dolor, y el violeta inundó la casa cuando mi madre puso sus dos manos sobre el lomo de mi perra y agachó la cabeza; y cuando mi hermana se arrodilló junto a su hocico y dibujó con el dedo cada almohadilla de su pata izquierda, como si quisiera grabarla a fuego en su memoria. Las lágrimas nos brotaron de los ojos a todos sin excepción. 

En ese momento viajé al pasado donde en verdaderos momentos dolorosos para mí, mi perra avanzaba hasta mi cama y apoyaba su cabeza en mis rodillas. ¡Qué consuelo sentía!...


Azul

...Todo quedó en calma por un momento. Queríamos cerrar el círculo y los chicos envolvieron en una manta el cuerpo de Neko ya sin vida, para trasladarlo al lugar donde descansaría a partir de ahora. Salimos todos a la calle, donde tanto le había gustado salir a correr y jugar a lo largo de su vida. El cielo lucía de un azul intenso y radiante. Mi madre quedó un poco más atrás, cerrando puertas y no pude no acordarme de 

lo que le gustaba a Neko tener "al rebaño" todo junto. Su naturaleza de perro pastor hacía que corriera por el campo para que nadie quedara rezagado en el camino. 

Así que grité "¡esperad a mamá!" Una vez todos juntos, los chicos dejaron con mimo a Neko en su nicho y yo deposité encima una ramita de almendro tempranamente florecido...



Negro

...Bajo tierra todo es oscuridad. No hay lugar para la luz, ni el ruido. Pero sí para la Paz, el descanso, la tranquilidad y el recogimiento. No hace falta luz ahí abajo, porque Neko brilla en el suelo de Castalla y en el cielo de cada uno de los corazones de las personas que tuvimos la suerte de coincidir en nuestra vida con ella.




El último día de Neko fue un largo atardecer con colores cambiantes que traspasaron nuestra alma, en este 3 de febrero que no olvidaré jamás.  













Adiós bella Neko, 
te echaré mucho de menos perra mía.